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La frágil democracia

La democracia es, siempre ha sido, un sistema delicado, un compendio de equilibrios entre poderes que resultan complicados; y, para que el pueblo gobierne realmente su destino se requiere de una premisa inquebrantable: la separación y el equilibrio de estos poderes.

Platón lo advirtió en La República, donde describió con detalle cómo el pueblo puede perder la libertad en medio del desorden político siguiendo a un salvador. Platón decía que los que pretenden robar la libertad se presentan inicialmente como protectores, pero una vez que se han instalado en el poder, se despojan de su máscara y muestran su verdadera naturaleza, “la de un lobo que devora su propia ciudad.”

No es casualidad que estos “salvadores” busquen primero y antes que nada someter a la justicia, pues saben que esta es la única barrera capaz de frenar su avance desmedido; ni es casual ni infrecuente tampoco que los regímenes más totalitarios se envuelvan en un discurso de legalidad. Se apropian del lenguaje de la justicia para legitimarse, pero no tardan en demostrar que la única justicia que anhelan no es más que una servidora dócil, que haga al gobernante intocable y convierta a los ciudadanos libres en súbditos temerosos de su ira.

La historia está llena de ejemplos. Los regímenes más despóticos han surgido en los contextos más diversos. A veces con el apoyo del pueblo para librarse de otro déspota. Otras veces, con su complacencia, fruto de la decadencia moral de una nación opulenta. Los totalitarismos crecen fácilmente en tiempos revueltos en naciones sin democracia previa o con democracias con distintas edades y niveles de fortaleza.

El siglo XX, de hecho, mostró unos cuantos ejemplos notables de cómo naciones bien distintas pueden acabar recorriendo la misma senda de la pérdida de la libertad; y es que, el camino de la democracia hay que hacerlo a diario con activismo y vigilancia. Si no es así, es fácil que hasta la nación más próspera y poderosa degenere en verdaderas aberraciones políticas y sociales en manos de sátrapas que convierten a los individuos libres en meras máquinas al servicio de sus caprichos y delirios personales.

Friedrich Hayek fue categórico al señalar que el gobierno que persigue a la justicia y la pretende cercenada y sometida manda un aviso al pueblo de que el despotismo se cierne sobre la nación; porque, tal como previene el economista, jurista y filósofo austríaco nada distingue mejor un gobierno libre del que no lo es que la existencia o no de un poder judicial independiente.

El caso es que vivimos tiempos en los que las advertencias de estos pensadores resuenan con una urgencia particular. Cuando la justicia es atacada, maniatada o manipulada, cuando se buscan excusas para limitar su alcance, el discurso suele presentarse como una cruzada contra la corrupción o un intento de «moralizar» el sistema; pero el poder ejecutivo no debe poner sus manos sobre la balanza de la justicia bajo ningún pretexto. Si lo hace, no estará corrigiendo sus defectos, sino rompiendo su equilibrio. Y cuando esto ocurre, no se puede hablar de democracia, porque la libertad desaparece cuando el ciudadano no puede confiar en la ley.

A lo largo de los siglos, la democracia ha demostrado ser un sistema frágil, siempre al borde de la erosión. Su supervivencia depende de un acto de vigilancia constante, de una resistencia inquebrantable a las tentaciones de concentrar el poder. No es solo una cuestión de dividir funciones; es una cuestión de proteger lo que Aristóteles llamaba “el bien común”, ese delicado equilibrio que garantiza que la justicia no sea un arma, sino un escudo. Porque sin justicia libre, sin leyes que se mantengan firmes ante el poder, sin gobernantes que sean esclavos de las leyes, lo que queda no es una democracia, sino simple y llanamente la siniestra opresión de la tiranía.

Publicado en Actualidad Personal

3 comentarios

  1. SusiPerZa SusiPerZa

    Desorienta tropezar un artículo tan excelente en un blog. Asumo que esto no lo lea nadie y es pena, pero me ha enamorado lo bien redactado que está todo el conjunto y la facilidad que exhibes para enlazar conceptos. Encontré el sitio de pura suerte buscando en google pero, me lo anoto para quedar atenta.

    • Ezequiel Estebo Ezequiel Estebo

      Muchísimas gracias por su comentario. Efectivamente, este no es un blog de masas (tampoco pretende serlo), pero siempre es un placer recibir palabras tan bonitas. Gracias, de nuevo. Gracias.

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