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Sobre sumerios y romanos

Cuando alguna vez tengo la tentación de pensar que la condición humana ha mejorado o empeorado a lo largo de la historia, me acuerdo de los sumerios y se me pasa. ¡El mundo es tan viejo! ¡Y hemos pasado tantos por aquí! Que realmente no hay nada nuevo… “Pues sí lo hay, porque en el siglo XXI inventamos las tablets”. Ya, y ellos inventaron las tablillas… No hay forma de ganarles.

Bromas (y caldeos, acadios, hititas y fenicios) aparte, si bien la cuna de nuestra civilización no la encontraremos hasta llegar a Grecia y Roma, lo cierto es que allá por las tierras del Tigris (y del Éufrates) miles de años antes del nacimiento de Cristo ya tenían comercio, ciudades-estado, leyes, jueces e incluso corruptos.

El primer corrupto del que hay constancia escrita se llamó Lugalanda. Fue un ensi (un rey-sacerdote) de la ciudad-estado de Lagash que vivió en torno al 2400 a.C. No se sabe mucho de él, la verdad; pero que fue un corrupto, eso sí, ha pasado a la historia. El tipo, un pollito de pienso fino, fue un nefasto gobernante que además de mal gestor, se apropió de las tierras y bienes de sus ciudadanos y de las tierras del templo mientras abrasó a impuestos al pueblo e interfirió en cuanto proceso judicial encontró de interés para sus afines y para sí mismo. ¡Un figura! Y todo un ejemplo a seguir para posteriores corruptos: Enriquecimiento ilegítimo, pisoteo del pueblo y manipulación de la justicia. Y es que ¡el mundo es tan viejo!

Casos de corrupción los ha habido desde que el hombre es hombre, puede que incluso antes en realidad, cuando aún estábamos en proceso; y en todos los casos la corrupción ha consistido en robar. El corrupto lo haga como lo haga, siempre roba. Ya sea desde el poder o aprovechándose de él, el corrupto acapara para sí lo que es del pueblo, utilizando el poder y muy frecuentemente la oratoria y el engaño.

Ha habido corruptos chusqueros con jessicas, huidas a Laos y espías que se hacían los incinerados en Bangkok; y ha habido corruptos bien vestidos, con expresiones serias y muy formales, y muy engominados. Ha habido corruptos que desviaron el dinero de ayudas para repartirlo generosamente con los amiguetes y gastárselo en putas, drogas y mariscadas; y corruptos que no compartieron un céntimo de su botín. Corruptos ha habido de todos los tipos y pelajes. Y como el mundo es tan viejo hasta se han realizado clasificaciones de las formas de corrupción: Weber (1922), Heidenheimer (1970), Klitgaard (1998), Rose-Ackerman (1999), … Todo inventado. Y muy estudiado, además. Así que incluso se puede contratar a un experto en el arte del engaño o de la corrupción por un módico precio.

Y como todo está estudiado hay algo que nunca falla: El corrupto, por supuesto, no sólo se lleva dinero que no es suyo, sino que, además, como mínimo, perpetúa los problemas sociales existentes; porque de ellos se aprovecha.

Pasando una cuantas hojas del calendario, un caso paradigmático fue el del cónsul romano Marco Licinio Craso, 115 a.C. a 53 a.C., que aprovechaba su posición política para hacerse el respetable mientras se presentaba con su equipo de bomberos privado (formado por esclavos) allá donde había una casa que ardiese e, impasible, dejaba la vivienda arder hasta que su legítimo propietario accedía a vendérsela al precio que él le fijaba, expulsando a su legítimo dueño de la propiedad o convirtiéndolo en inquilino. Por supuesto, durante su consulado no se le ocurrió crear un cuerpo de bomberos público ni movió un dedo para ayudar a reducir los incendios en Roma.

Tampoco movió un dedo para evitar incendios Peter Ustinov, más preocupado en tocar su lira. Nerón, enfrentado a una catástrofe que arrasó con la práctica totalidad de la ciudad y para la que no había aprobado una sola medida preventiva (a pesar de lo frecuentes que eran los incendios en Roma), señaló a los cristianos como culpables y los persiguió brutalmente, echándolos a los leones e incluso quemándolos vivos.

¡Y es que el mundo es tan viejo y está todo tan visto! También lo de gritar “facha, facha”, por cierto. Incluso antes de que Nerón usase a los cristianos como solomillo para leones, Lucio Cornelio Sila lo gritaba con desmedida ira, proscribiendo a todo aquel que osase discutir su poder allá por el 82 a.C. Todo por luchar contra los enemigos de la República, claro; y, mientras, se llenaba los bolsillos.

Por cierto, que merece la pena la siguiente nota antes de terminar: Al amigo Lugalanda le dio el relevo Urukagina, un reformista que luchó contra la corrupción según se cuenta en muchas tablillas; pero cuyas medidas no está del todo claro que fueran realmente efectivas. Lo que sí está claro, en cambio, es que descuidó completamente los aspectos militares de la ciudad (cruciales en aquellos tiempos), lo que la convirtió en pasto de conquistadores. Eso sí, mientras combatía (según cuentan las tablillas) la corrupción, debilitó las élites sociales de la ciudad y se quedó la práctica totalidad del poder para él.

Publicado en Actualidad Personal

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